Hábitos básicos

Los hábitos son conductas que incorporamos a fuerza de ser repetidas. Y las conductas son las respuestas a los estímulos que nos afectan. Es decir: los estímulos de la vida y del medio ambiente, la interacción con las personas, las observaciones, etc., desencadenan unas respuestas, algunas son instintivas, otros son elaboradas para obtener un fin, pero en su conjunto las respuestas que damos acabarán conduciéndonos a una manera concreta de responder: eso será una conducta.

Si los niños no tuvieran a nadie para imitar, no tendrían más que respuestas instintivas y conductas animales, pero el niño es un ser racional que imita y elabora las reacciones a lo que recibe como estímulos. Es por eso que la experiencia acumulada en la crianza de los niños enseña que es conveniente proceder a crear repeticiones de conductas que fijen ciertos hábitos. Los seres humanos somos siempre herederos de la historia previa a nuestra aparición en escena. Con los hijos no podemos improvisar ni tratar de ser originales, 'modernos', revolucionarios o 'alternativos', simplemente por que nos guste serlo como humanos, sino que tenemos que aprovechar lo que otros antes que nosotros han pensado, han elaborado, han desestimado por que no era útil ... etc. en definitiva, antes de marcar una posición propia, tenemos que aprender mucho por que mucho de lo que tenemos que hacer con los hijos será totalmente nuevo para nosotros. Y no podemos inventar cosas que ya hace mucho tiempo que están inventadas ... solo hay que conocerlas. Por lo tanto, como padres tenemos la responsabilidad de inducir todo tipo de hábitos que harán de nuestro hijo un ser social, sano y feliz. Entre los hábitos que habrá que cultivar están los que hacen referencia al aprendizaje del acto de comer o alimentarse. El camino para conseguir que nuestro hijo acabe disfrutando de todo tipo de manjares con saludables inclinaciones, y preferencias personales, naturalmente, es un camino largo que empieza al nacer. Es importante repetir eso muchas veces por que a menudo los hechos sucedidos a los pocos días o semanas de vida quedan perdidos en el olvido ... pero ya han dejado una huella que tendrá su importancia. Más de lo que a menudo creemos.


Me gusta explicar que el verdadero problema es rehacer las cosas mal hechas. Reconducir los errores educativos es lo que más cuesta, en tiempo, en saliva, en esfuerzo ... ¡Ay! cuanto mejor sería que de entrada las cosas se hicieran bien!!! Aquí no es el lugar para dar instrucciones de como rehacer los malos hábitos de ningún niño ... para eso hay otros sitios. Aquí lo que querría es echar un poco de luz al cómo hacer las cosas, desde el principio, correctamente.


Muchos padres no relacionan las limitaciones a la hora de la comida de su niño de tres o cuatro años con la falta de adquisición de ciertos hábitos. Y es que cuando las cosas están muy separadas en el tiempo olvidamos que unas pueden ser causa de otras. Esta causalidad es importante y es por eso que no me cansaré de repetir que toda la historia para hacer que los niños disfruten de la comida, sean abiertos a probar texturas diferentes y curiosos descubriendo nuevos sabores, tiene mucho que ver (no al cien por cien) con las conductas adoptadas con el niño cuándo éste tenía pocas semanas de vida y cómo se ha establecido la relación afectiva con la comida durante los meses siguientes. Los primeros seis meses de vida son, por tanto, fundamentales.


No intentaré clasificar a los niños por que sería imposible, pero si estableceremos que el impulso vital no siempre se manifiesta con la misma energía o empuje. Después de más de 30 años de hacer de pediatra puedo asegurar que hay niños que nacen con pocas energías. Son bebés, o lactantes que parece que no estén interesados en vivir, que su vitalidad sea tan justita que si nadie se preocupase por ellos, seguramente no prosperarían. No es frecuente por suerte, pero existen. También es verdad que la existencia de estos poquitos les va muy bien a ciertos padres que tratan de aprovecharse de ello cargándole el muerto al niño difícil, evitando asi evidenciar su poco arte o conocimientos para hacer bien las cosas... Es cierto que hay niños fáciles y niños difíciles, los fáciles suben solos, no hace falta hacer demasiadas cosas ni ser demasiado ilustrado, ni intentar hacer las cosas bien, ni tratar de reunir más información ... es cierto, a veces los padres más poco cultivados del mundo tienen la suerte de tener un hijo así y sale un niño sorprendentemente preparado ... pero no es la norma. En cualquier caso la labor de los padres es necesaria para hacer llegar a buen puerto las expectativas. Aunque estamos hablando de procesos muy naturales que tendrían que producirse de forma instintiva, resulta que no lo sabemos hacer por que la sociedad de las prisas en la que vivimos nos cambia las respuestas instintivas por respuestas muy elaboradas y que seguramente no necesitamos.  Nos comemos el coco pensando que lo tenemos que hacer bien, que el niño nos necesita y que le tenemos que dar lo bueno y lo mejor, etc, etc. Eso acabará conformando un modelo peligroso de relación en la que los padres, o uno más que el otro a veces, acabarán sobre-protegiendo al niño y sin quererlo bloquearán el feedback de respuestas instintivas que determinan la aparición de la pulsión de hambre, la impetuosidad para satisfacer una necesidad, y finalmente, o a continuación, el placer ante la necesidad satisfecha que se desprende de la desazón para sobrevivir ... una y otro vez el niño tiene que experimentar, en relación a la comida, estas emociones para que queden profundamente arraigadas como valores a perseguir y objetivos agradables. El niño tiene que encontrar 'casualmente' la forma de descubrir que el mundo existe más allá de la madre, de una figura que le satisface todas las necesidades ... y tiene que pasar 'penalidades' para saber que las alegrías tienen valor ... la madre, el padre también, pero sobre todo la madre, tiene que permitir 'involuntariamente' que su hijo se interese por el medio, por lo que no es ella ... no puede inquietarse cuando alguien toma momentáneamente su papel o cuando alguien hace cosas por su hijo que quizás ella no haría, por que estas acciones enseñan al hijo la diferencia entre la madre y el mundo, le abren expectativas y le hacen crecer el deseo de ser autónomo. La comida es el ítem más importante que utilizaremos para procurar que el niño se acepte como diferente de la madre ... si la madre esta demasiado encima, si solo quiere verlo contento, tratará de evitarle lo que ella considera malo para su salud, que pase hambre ... y cuando la madre interprete que eso puede pasar (aunque el niño no lo experimente) hará lo posible para que coma ... de forma inconsciente impedirá que sea el niño el que tenga la experiencia del deseo, del hambre ... y entrará en un círculo vicioso del que saldrá más tarde o más temprano, por que los niños sobreviven siempre, pero las heridas pueden dejar señales que van mucho más allá de la primera infancia.


Antes de abordar las cuestiones prácticas sobre los hábitos del 'aprender a comer' hay una cosa básica, sobre la que me centraré. Los niños no pueden aprender a comer bien si no tienen hambre. Y no tienen hambre si no tienen una relación emocional o afectiva correcta con el acto alimentario en general. Esta claro que la relación afectiva con el acto de comer no son ellos quiénes la estropean sino los padres o los criadores. Este hecho trascendente esta en la raíz de todo lo otro...desde el primer contacto con el alimento, sea el pecho o el biberón ...



La oferta a destiempo.

Es necesario una primera recomendación práctica: nunca suponer que el niño tiene que comer por que sino se pondrá enfermo o le faltará alguna cosa que lo perjudicará ... nunca hacerlo por que si se genera este pensamiento a continuación nos vemos obligados a ofrecer comida 'aunque el niño no manifieste necesidad de comer' ... lo que se traduce en que el niño come, si, pero no por que tenga hambre sino por que no le queda más remedio ... si esta conducta se repite muchas veces, pueden pasar, esquemáticamente, dos cosas 1) que generamos una dinámica habitual de exceso de oferta ante el cual a la larga el niño se volverá caprichoso o se engordará más de lo necesario, y... 2) que el niño acaba rechazando el alimento ... aunque tenga necesidad nutricional ... Antes he dicho que hay niños diferentes, y es cierto, hay niños que ante la oferta a destiempo ... (o sea sin que lo reclamen o necesiten) harán una respuesta, una conducta diferente, unos lo tolerarán y otros lo rechazarán ...


En la etapa del amamantamiento no es infrecuente que la madre (con tendencias sobre-protectoras) interprete el llanto del niño (que puede ser por causas diversas) como señal de hambre ... y se lo ponga en el pecho o le dé un biberón. Aquí tenemos que poner mucha atención. Es cierto que si tiene hambre llorará, pero no tenemos que suponer de entrada que la primera causa del llanto es el hambre ... A veces solo quieren atención, que les tengas en brazos, que les hagas caso o digas 'cositas' ... otras veces será que van sucios o tienen calor o frío ...  así que intentemos abrir un poco la mente y valorar todas las posibilidades ... si finalmente es hambre no sufráis que se hará notar claramente y lo veréis muy claro ... pero no pasa nada si llora un poco más y esperamos a que las señales que dé sean efectivamente claras ... esta postura tiene la ventaja de que el niño, cuando finalmente recibe su alimentación, lo hace con hambre de verdad, y aprende que la satisfacción del hambre es una cosa agradable ... estamos camino de establecer una relación emocional positiva con la comida que si no establecemos puede causar males que perduraren en el tiempo. ... fijaos que estamos hablando de los tres, cuatro o cinco primeros días de vida. Es por eso que aquellos niños que van en brazos de la madre de forma permanente en las primeras semanas de vida no sufren el fenómeno de la oferta a destiempo. Al ir en brazos de la madre y tener una vinculación tan próxima a su estado previo (la gestación en dónde el niño esta acostumbrado a ser envuelto totalmente por la madre dentro del útero) no le hace falta reclamar (llorando por el desconfort de la falta de contacto a la que esta acostumbrado) la presencia tranquilizadora de la madre ... y por lo tanto no aprende la relación 'si lloro me cogen' ... 'si lloro me dan comer' ...  simplemente cuándo se revuelva y queje un poco por que quiera comer, la madre le ofrecerá el pecho, que esta muy cerca, por que lleva encima a su hijo en un atillo o en un fardo ... esta forma de entender la relación madre-hijo es la ideal desde el punto de vista filogenético de la raza humana vista como un primate superior, aunque sea poco confortable para los estándares de nuestras formas culturales occidentales. No he explicado esto por que crea que el ideal es llevar a los niños encima todo el día, como hacen en ciertas culturas que consideramos del tercer mundo, no, lo explico para que se entienda que el niño necesita del contacto con la madre, (el ir en brazos) como parte de su alimento, y si no le damos la ración diaria de brazos cuando toca, nos la reclamará llorando y aprenderá muy rápidamente la relación entre llanto y necesidad satisfecha. La cosa se complicará por que cuándo llore no sólo nos costara mucho saber si llora por que tiene hambre de contacto o hambre de nutrición, sino que a menudo serán las dos cosas al mismo tiempo. ...

Superar con éxito la primera fase del amamantamiento, sea natural o artificial, nos garantiza que el siguiente paso será más fácil, pero no garantiza que tenga éxito seguro. Las primeras tomas de purés y papillas tienen sus dinámicas propias que hará falta conocer y superar con la adquisición de unos hábitos correctos.


¿Qué hábitos?


A fuerza de repetir ciertas acciones de una manera igual acabamos incorporando un hábito. En la adquisición del hábito de comer con cuchara tenemos que contemplar dos factores muy importantes: por una parte la asociación del hábito con los utensilios de la comida, la escenificación del hecho, y de otro lado la actitud de los padres mientras ponen en practica la repetición de las enseñanzas de la comida.


La cuchara. Los primeros contactos con la cuchara, establecidos entre los 4 y los 6 meses, son un tanteo en el que sobre todo tiene que prevalecer la adquisición de la habilidad para utilizar la cuchara. Es a partir de los 6 o 7 meses que la enseñanza del hábito básico de comer tiene que empezar seriamente ... por eso vamos primero a hablar de la cuchara. En éste sentido ya me he extendido bastante en el apartado del segundo trimestre, no obstante recordaremos que el uso de la cuchara es más fácil si el niño conoce su significado en los dos o tres primeros meses. Recordamos que al principio el niño pondrá la lengua y que si no tiene mucha hambre o curiosidad, pondrá mala cara ante la novedad, la actitud de la madre es fundamental para hacer que el niño pase por 'el tubo', haciéndolo, no a cualquier precio, sino con una actitud paciente, 'no hostil' y tratando de que el niño ría, y haga gracias con el nuevo 'invento' ... una manera casera de hacer entender 'que tratamos de darle comer con la cuchara' (muchos niños no lo entienden y relacionan la comida exclusivamente con la tetina del biberón ...) es coger una tetina vieja, agujerearla y poner una cuchara dentro del bibe, con la parte cuchara a ras de la tetina y la parte del mango dentro del recipiente ... con un poco de habilidad se puede cortar un trozo de porexpan (esta especie de corcho blanco que hace bolitas y lo ensucia todo ...) de cualquier embalaje, para poner dentro del biberón y clavar el mango de la cuchara para que no se mueva ... con este 'invento' el niño ve, como se aproxima un 'utensilio' conocido, cómo es el biberón, pero cuando abre la boca es encuentra con la cuchara ofreciéndole el alimento. Os aseguro que el invento facilita notablemente el aprendizaje. Hace años existía a la venta un utensilio llamado 'biberón-cuchara' pero actualmente no sé si se comercializa.

Los utensilios y la escenificación.

Sobre todo tienen importancia a partir del momento en que sentamos al niño en la sillita para comer, en la trona o en la mesa con el adaptador adecuado ... no me gusta dar de comer a los niños en el maxi-cosi ni en la silla de paseo ... los inicios tienen que ser rituales y tener un escenario adecuado ... siempre el mismo. Los niños reconocen los rituales, y las repeticiones acaban permitiendo que ellos anticipen lo que pasará y los predisponen a aceptar la actitud correcta ... pero no cambiemos el escenario cada día por que los podemos confundir, crear dudas o temores de lo que pasará acto seguido. Es posible que para algunos niños eso no sea una perturbación importante, pero probablemente se sentirán inseguros, y a algunos, si la situación se repite en muchos ambitos quizás los marque, haciéndolos más tímidos o introvertidos el dia de mañana. Los niños a etapas tempranas de la vida necesitan seguridad, y si saben reconocer lo que pasará a continuación se sentirán más seguros que si por norma son sorprendidos con cambios y novedades continuas ... es por eso que los niños necesitan rutinas, cosas conocidas, las mismas 'canciones' o 'sonsonetes' para anunciar el baño, la comida, el paseo, etc ...

El espacio o escenario de la comida tendría que ser la misma habitación siempre, al principio y hasta tener bien establecido el hábito de comer, un lugar que no tenga la tele puesta, ni los juguetes, ni la cama a la vista, quizás en la cocina, si la tenemos bastante grande, o el comedor. Pero sobre todo tiene que ser el escenario habitual de la comida. El conductor de la escena tiene que ser el mismo durante los primeros tiempos, eso es importante, pues si cada día tenemos 'un actor principal' diferente la cosa puede ser más difícil y alargarse el proceso.  Eso no quiere decir que no pueda estar presente el padre, la abuela o el que sea, pero el encargado de dar la comida tiene que ser siempre el mismo, sea la madre, el padre o el abuelo ...

Hemos hablado del escenario, pero el horario y los utensilios tienen que ser conocidos por el niño, así, cuando llegue la hora de la comida prepararemos la escena delante de él (muy importante), pondremos los manteles, acercaremos la sillita, o trona a la mesa, pondremos el plato, el vaso y la cuchara (más adelante sus cubiertos) y finalmente le pondremos el babero. Con eso completamos los factores necesarios para que la repetición se convierta en un hábito conocido, que permite la anticipación. Tanto en el escenario como en los utensilios.  Los colores y dibujos, de calendarios, cuadros, manteles o baberos, etc., sirven para tener recursos que le llamen la atención o motivos para explicar 'historias' en relación con la comida ... lo que no haremos nunca es ponerle dibujos animados, tele, juguetes o libros de cuentos en la mesa ... por que distraerían de la acción principal que estamos impulsando: el aprendizaje de la comida. Si esta distraído come sin darse cuenta de lo que sucede ... y eso no suma a la hora de tener recuerdos positivos sobre el hábito que estamos inculcando. Cuándo ya son mayores y el hábito esta bien establecido las cosas pueden cambiar.


El actor principal tendrá su talante propio que marcará la relación, pero hay dos valores primordiales que tendrá que exhibir siempre, una actitud serena y un ademán confiado en qué lo que está haciendo es correcto. Los nervios, la prisa y el mal-humor tienen que quedar fuera de escena. Tenemos que ser buenos actores, y hacer bien el papel.


A pesar de todas las prevenciones explicadas tenemos que cumplir con unas cuantas normas sagradas:


- los niños no se mueren ni se ponen enfermos por no comer, siempre que tengan comida a su alcance ...

- los niños comerán de todo si los padres comen de todo ...

- las cantidades las marca el propio niño, siempre es mejor quedarse corto que no poner un plato demasiado grande ...

- los niños pueden tener preferencias, pero eso no quiere decir que no tengan que comer de forma variada.

- los niños no tienen que comer nunca fuera de sus horas...

- no tenemos que ir probando alimentos hasta 'encontrar' lo que le gusta ...

- si una comida no la hace, o la hace mal, no tenemos que probar antes de la siguiente para ver si 'ya tiene hambre' ...

- no tenemos que disfrazar los alimentos con sabores que sabemos que le gustan, así no estamos enseñando la variedad de sabores y texturas de los alimentos ...


Estos inicios serán mucho más fáciles si el niño tiene hambre (por que tiene una buena relación afectiva con el acto alimentario) y si nunca ha sido obligado a comer contra su voluntad.