Hasta los dos años y...

El segundo año de vida, que iniciamos justo después de celebrar el primer cumpleaños, es el periodo más importante para definir cuál será la amplitud 'de los gustos' del niño.

Al ideal no siempre se llega, pero se tiene que perseguir.

La erupción de los primeros premolares y los caninos marcarán 'el tempo' para poner en practica la habilidad de masticar. Es cierto que si adiestramos al niño antes de que apunten los premolares, podemos conseguir que acepte la comida sin triturar, pero esta comprobado que un porcentaje variable de niños, aprenderá a 'deglutir' la comida no triturada sin masticarla. Este hábito será difícil de cambiar y nos encontraremos delante del niño 'grulla', lo que yo llamo 'tragador' profesional. Es por eso que tenemos que dejar las prisas a la hora de introducir alimentos sólidos y buscar el momento de la erupción de los premolares para iniciarlos en este hábito. El principal factor para estimularlos a comer a trozos es la curiosidad. Por eso, es conveniente que a partir del año o de los quince meses, aunque no tengan premolares iniciemos los 'ofrecimientos' de cosas blandas. Normalmente quieren imitarnos en todo,  así que sera fácil que si comemos alguna cosa que tenga las características adecuadas les dejemos probar. Trozos de fruta como la pera, que se deshace con facilidad, o de queso tierno, así como galletas y pan son los iniciadores más habituales. Recordemos que su comida principal tiene que ser todavía triturada. Cuando ya llevamos unos meses dejando que haga 'pruebas o catas' de productos enteros, podremos iniciar sus comidas en trozos siempre que ya tenga los cuatro primeros premolares. Primero lo haremos con productos que sean blandos, como la tortilla, el pescado, la verdura, la patata, los fideos o el arroz, más adelante con la carne, que primero picaremos, y finalmente a partir de los 18 o 21 meses podremos dar a trozos pequeños. A pesar de lo que decimos no hace falta que todas las comidas sean sin triturar, muchos niños comen mejor triturado hasta los dos años, aunque puntualmente puedan comer a trozos. Si por el motivo que sea el niño ofrece resistencia en la comida más entera no nos tenemos que inquietar ni dejar influir por la vecina, abuela o guarderia... seguiremos dándole triturados tranquilamente a la espera de que el niño madure y pida los trozos... no conozco ningún niño que a cierta edad no haga el cambio. Algunos son más lentes que otros pero eso forma parte de la variedad humana.


La curiosidad es un arma de doble filo, por una parte nos interesa que el impulso a probar cosas diversas tire adelante, pero también tendremos que ponerle ciertos límites con el fin de que de tanto probar cosas diversas acabe rechazando lo que preparamos para él... así que seguiremos hasta los dos años dándole de comer aparte de los adultos u otros niños. Mantener su 'escenario', lo del plato, vaso, cubiertos y babero, será interesante hasta los dos años, por término medio, en que ya estará preparado para comer casi de todo... éste se el momento de compartir la mesa con los papás y/o los hermanitos. Comer solo, sin ayuda para coger los cubiertos, también es una adquisición que corresponde a la edad entre el año y los dos años y... unos lo hacen antes que otros pero a los dos años ya tendría que comer solito. Si todavía no lo hace tampoco pasa nada ... si somos conscientes de que necesitamos avanzar en esta dirección. Al principio nos interesa que se lo pase bien y coma, más que no que sea muy aseado y no se ensucie. Ya lavaremos ropa, baberos y manteles más a menudo... si empieza a tocar los alimentos y manipularlos no le cortaremos el rollo, sino que procuraremos que se lo coma aunque 'lo sobe'... poco a poco corregiremos con tacto las manipulaciones y lo enseñaremos a utilizar los cubiertos como si fuera un juego.


Los hábitos horarios a esta edad ya están bien establecidos, pero se pueden estropear a causa de vacaciones, cambios de domicilio diarios (a casa de los abuelos) por trabajo de los padres, asistencia a la guarderia, etc... Es importante recordar que las rutinas, las repeticiones de las cosas conocidas, les siguen dando seguridad y es mejor marcarlas de forma conveniente aunque sean hábitos ya adquiridos. La hora del baño o del paseo, tanto como la de las comidas tiene que tener sus pautas rituales y procurar repetirlas siempre igual.


El actor principal, en el escenario de la mesa, ya puede variar de persona sin que pase nada, al contrario, es bueno que conozca a otros cuidadores y alternativas a la madre. No es bueno que entre el año y los dos años el niño siga demasiado aferrado a la madre... de forma natural y progresiva irá alcanzando más grados de autonomía y lo tenemos que ayudar a sentirse seguro en este camino de progreso. La sobreprotección en este periodo da lugar a niños inseguros y madre-dependientes que después pueden tener problemas de relación social.